La impresionante sociedad existente entre el gusto y el olfato, la razón por la que la comida se hace insípida con los catarros. Conoce cómo funcionan conjuntamente los sentidos.

Todos hemos sufrido un resfriado, una gripe o un catarro en algún momento. Se trata de una de las enfermedades más comunes que se puede experimentar y aunque son muy molestas, generalmente se curan por la acción del sistema inmunológico del cuerpo humano en cuestión de una semana.

Uno de los síntomas que se experimenta en esos días es la pérdida parcial del sentido del gusto; es como si un grupo grande de nuestras papilas gustativas estuviese de vacaciones y los sabores se sienten suaves. La comida parece desabrida o insípida.

 

El olfato puede engañar a tu paladar

En realidad, la pérdida del sentido del gusto es muy fácil de entender, una vez que se comprende cómo funcionan conjuntamente éste sentido y el del olfato.

Cuando comemos o degustamos algo, se activan los dos sentidos, que son complementarios. El olfato interpreta el sabor de los alimentos mucho antes de que los llevemos a la boca. La sensación de hambre que aparece cuando nos acercamos a una cocina se debe a los olores que ésta libera, que nos permite anticipar el sabor de las comidas.

Sin embargo, olores y sabores no siempre coinciden. Los perfumes están hechos para que su aroma disuelto en el aire sea atractivo y agradable; pero su sabor suele ser amargo.

El olor es la interpretación que hace el organismo a partir de partículas que flotan en el aire y que excitan las terminaciones nerviosas que se encuentran en la parte alta de las fosas nasales.

Los resfriados irritan todo el sistema y dificultan la percepción del olfato, lo que se conoce como hiposmia. La pérdida total del olfato se conoce como anosmia y rara vez ocurre. Puede ser síntoma de situaciones graves, incluso daño cerebral.

 

¡Tu sentido del gusto no es tan bueno como crees!

Las células responsables del gusto se concentran en las papilas gustativas que están en la lengua. Los sabores se sienten gracias a los componentes de los alimentos que se disuelven en la saliva (sin saliva no se pueden percibir los sabores) y entran en contacto con botones sensoriales en las papilas. Cada uno tiene aproximadamente 100 células y en total, contamos con cerca de 10 mil terminaciones para el sentido del gusto.

Pero en comparación con el olfato, el gusto es un sentido débil. El olfato es mucho más poderoso y acude en auxilio del sentido del gusto. Buena parte de lo que sentimos como sabores, en realidad son olores que percibimos internamente. La cavidad bucal y la nasal están conectadas por un conducto llamado nasofaringe, y a través de ese túnel los olores de la comida entran directamente al terreno del olfato.

Los catadores de vino pueden distinguir claramente eso que se conoce como “sabor nasal” y que no son otra cosa que la excitación residual al olfato por parte de partículas que quedan en la boca tras un trago.

Por si esa conexión no fuese suficiente, estos dos sentidos comparten un mismo centro de procesamiento, en la misma zona del cerebro: el lóbulo del olfato y el gusto. De modo que es muy fácil confundir olores con sabores cuando se ingieren alimentos.

Todo esto hace que al resfriarnos y perder nuestra capacidad olfatoria, se perciba también una importante pérdida del gusto.

Si esta información te ha parecido útil, compártela a través de las redes sociales a tu alcance; estamos seguros de que tus contactos lo agradecerán.

Eduardo Rada

¡Esto tienes que compartirlo!