El curioso caso de Blaise Pascal

39 años. Esa es la edad a la que falleció el científico y filósofo francés Blaise Pascal. Una vida corta pero intensa durante la cual este prodigio de las matemáticas tuvo tiempo de crear nuevas ramas de estudio, el germen de las actuales computadoras y ruletas de casino, y múltiples propuestas teóricas que perduran en nuestros días.

Un hombre entregado tanto a la ciencia de lo material como a la metafísica, que entendía que el verdadero conocimiento humano surge de la unión de la razón y el corazón. En contra del pensamiento que empezaba a imperar en el siglo XVII, que abogaba por separar la ciencia y la fe, Pascal se movió por lo que él denominó “inteligencia del corazón”.

Blaise Pascal nació en Clermont-Ferrand el 19 de junio de 1623. Hijo de un eminente matemático, Étienne Pascal, su padre se encargó de su formación, pero le prohibió el contacto con las matemáticas hasta que no tuviera una determinada edad. Esto solo sirvió para exacerbar el gusto del joven Pascal por los números quien, con apenas 16 años, ya había hecho su primera gran contribución al mundo de las matemáticas: el Teorema de Pascal.

Gran parte de los descubrimientos y aportaciones que Blaise Pascal realizó a lo largo de su vida surgieron de la mezcla entre la curiosidad y la necesidad. Ejemplo de ello es la pascalina, considerada la primera calculadora de la historia y el origen de las computadoras. En vista del arduo trabajo que su padre realizaba como comisario de finanzas, en 1642, Pascal comienza a trabajar en un artilugio que pudiera efectuar cálculos de manera automática, aligerando así la labor de su progenitor.

Probabilidades y Movimiento Perpetuo

Del dilema de un jugador profesional llamado Antoine Gombaud, que consultó con Pascal cómo determinar el reparto de ganancias en un juego inconcluso de la manera más justa, se acabó derivando en la Teoría de las Probabilidades. Para desarrollar su Triángulo de Pascal, una representación de combinaciones de números que utilizó para resolver problemas relacionados con la probabilidad -como calcular qué parte de dinero corresponde a cada jugador dependiendo de las posibilidades de ganar que tuviera cada uno en el momento en que se paró el juego-, contó con la ayuda de otro genio matemático: Pierre de Fermat.

Pascal estuvo muy interesado en dar forma o explicación a aquellos fenómenos que parecían escapar a la razón, como la fe y los fenómenos naturales, como pueda ser el movimiento de una rueda, considerada en sí ya uno de los inventos más importantes del ser humano.

En 1658, mientras estaba aquejado por un dolor de muelas, se puso a estudiar cuestiones relacionadas con la cicloide, que es la curva que se genera desde un punto de una circunferencia cuando esta gira sobre una recta. Como vio que el dolor se le pasó, se lo tomó como una señal y decidió indagar más en el asunto. Planteó problemas relacionados con el centro de gravedad, el volumen o el área de la cicloide, y llegó a ofrecer premios a quienes le presentasen las mejores teorías.

Estatua de Blaise Pascal estudiando la cicloide
Estatua de Blaise Pascal estudiando la cicloide (Augustin Pajou, Public domain, via Wikimedia Commons / Recorte, mejora de tono y resolución de la original)

Otro problema físico que se planteó Pascal fue el de la búsqueda del movimiento perpetuo, una cuestión que se ha estudiado desde la Edad Media. En su intento, el genio francés acabó construyendo una ruleta muy similar a la que se utiliza en las mesas de los casinos. Desde hacía siglos existían ruedas relacionadas con este sistema, como la Rota Fortunae, pero Pascal le añadió el componente matemático. De ahí que se considere a su invento como el precursor de la ruleta de casino. En la actualidad, con la digitalización y popularización de Internet, la ruleta y sus distintas versiones se han adaptado al mundo digital en plataformas especializadas, aunque, en esencia, la dinámica de este juego del siglo XVII sigue siendo la misma – cambió el medio, pero no el juego.

Creer o no creer, esa es la cuestión

La relación de Blaise Pascal con el juego se extrapoló más allá de lo terrenal. Entre los teoremas, leyes físicas o unidades de medida que llevan su nombre, encontramos también la Apuesta de Pascal que, curiosamente, es una cuestión teológica.

En sus últimos años, Pascal encomendó parte de su pensamiento filosófico al cristianismo. Utilizó las matemáticas, en concreto la rama de la teoría de la probabilidad que él mismo había inventado, para demostrar por qué era más lógico y científicamente correcto creer que no creer.

El pensamiento de Pascal abarca múltiples cuestiones relacionadas con el ser humano y la metafísica, de hecho, muchos lo conocen más por su faceta como filósofo. Incluso se considera que es el segundo filósofo francés más importante de la Historia después de René Descartes, a quien conoció en su juventud.

Genio, curiosidad, fe y un afán por explicar el mundo que nos rodea conforman la vida de una figura histórica única: monsieur Pascal.

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