La civilización de Mu: el eslabón perdido que dio origen al ser humano

No hay historia más fascinante que aquella que trata sobre los orígenes del ser humano. Sobre este tema han corrido ríos de tinta buscando explicar el eslabón perdido entre el hombre y el primero de su especie.

Ya se trate de la teoría del Big bang, el creacionismo o el darwinismo, todas buscan darle sentido a esta pluralidad en la cual nos vemos envueltos actualmente.

Tal es el caso de los llamados continentes perdidos como la civilización de Mu, la cual hasta ahora no ha podido ser confirmada científicamente. Pero, ¿cuál es la historia detrás de esta nueva Atlántida?

Nacimiento del debate

Todo comenzó en 1883 cuando el coronel del ejército británico James Churchward logró tener acceso a tablillas de arcilla (llamadas posteriormente naacals) que, según información suministrada por los sacerdotes hindúes con los que habló, pertenecían al ya extinto continente de Mu.

James Churchward
James Churchward (1851-1936). (Wikimedia Commons)

El militar, quien se dedicó a estudiarlas con profundidad, afirmó que no pertenecían a ninguna civilización conocida, por lo que debía tratarse de la civilización de Mu. Más aún: interpretó el contenido de la misma, llegando a la conclusión de que trataba sobre un mito de la creación del hombre. A partir de ahí comenzó a escribir de manera sostenida sobre su teoría.

De acuerdo con su punto de vista, Mu estaría ubicada entre el norte de Hawai, la isla de Pascua y las islas Fidji y tendría una superficie de mil kilómetros de este a oeste y unos cinco mil de norte a sur.

Sus orígenes se remontarían a unos doce mil años a d. C. y, aunque desaparecido, habría dejado huella en otros territorios como la isla de Pascua, cuyos móais serían el testimonio latente de su presencia en la tierra.

Mapa de situación del continente Mu
Mapa de situación del continente Mu

Curiosas coincidencias

Muchas de las hipótesis del coronel son vistas con escepticismo por la comunidad científica, quien sin embargo, no oculta su sorpresa ante algunos de sus hallazgos.

Tal fue el caso de Willian Niven, geólogo estadounidense quien en 1921 encontró dos mil seiscientas tablillas en México que, al analizarlas, coincidían en muchos aspectos con las interpretaciones de Churchward para crear, más que dilucidar, nuevas interrogantes sobre el tema:

¿Estaríamos ante las primeras manifestaciones lingüísticas de la América aborigen? ¿Habría, de ser cierta su existencia, alguna conexión entre Mu y estos indígenas?

Sin duda, uno de los tantos misterios que rodean este mundo en el que vivimos…

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