Dependemos de ella para trabajar, para jugar, para conocer gente… para todo lo que hacemos a diario, ¿pero realmente sabemos cómo funciona internet?

A todos nos encanta la red. Nos fascinan sus múltiples usos, su velocidad, su capacidad para estar en todos lados y conectarlo todo. Hemos aprendido en muy pocos años a vivir con ella, a usarla para todo, incluso hemos aprendido a depender en gran medida de ella. Para trabajar, para jugar, para conocer gente, Internet está aquí y llegó para quedarse. ¿Pero realmente sabemos cómo funciona internet? ¿Cuántos podemos responder a esa pregunta de nuestros padres o abuelos de “dónde están las cosas que están en la red”? Pocos, seguramente. Y en este artículo te enseñaremos lo indispensable para al menos tener una respuesta a esa pregunta.

cómo funciona Internet

Lo primero que hay que saber para comprender cómo funciona internet, es que no es un lugar, sino un conjunto de conexiones. Miles de millones de ordenadores interconectados entre sí en cientos de países, enviando y recibiendo información, como una gigantesca telaraña digital. En ese sentido, el proceso para acceder a una página web, por ejemplo, es también el de acceder a un ordenador lejano, a través de una serie de códigos que se denominan protocolos.

¿Por qué tanto protocolo?

Partamos de lo básico. Cuando navegamos en la red, nuestro ordenador hace las veces de cliente de un servicio, llamado también servidor, encargado de proveernos la información que solicitamos, por ejemplo, para una página Web. No es muy distinto a hacer una llamada telefónica (de hecho, si lo recuerdas, en sus inicios Internet ocupaba la línea telefónica tradicional) a una compañía y solicitar el envío postal de su catálogo de productos o servicios.

Para organizar esa interacción cliente-servidor existe una serie de protocolos, es decir, de mecanismos de emisión y recepción de información, de los cuales los más conocidos son dos: el Protocolo de Control de Transmisión (TCP) y el Protocolo de Internet (IP). En estos protocolos basan sus operaciones la mayoría de los servicios y páginas Web, y suele referirse a ellos como TCP/IP.

Estos protocolos son indispensables para que las máquinas dialoguen entre sí, es decir, para que hablen el mismo idioma. Y eso se logra identificando cada máquina con un código IP específico, que equivale en el mundo informático a una dirección postal.

Paquetes, rutas, tráfico, direcciones… todo digital

La información que se comparte, entonces, entre esos ordenadores que hablan el mismo idioma, se fragmenta en paquetes (datagramas) que se envían a distancia a través de distintos repartidores, guiados por la dirección IP de quien los solicita. Por su parte, el protocolo TCP se encarga de ordenar correctamente estos paquetes de datos, para que se pueda recuperar la información original. De esta manera el sistema se asegura de que no falte ningún paquete o que ninguno haya llegado en mal estado. Casi un control de calidad, vamos.

¿Y por qué entonces no se nos pide memorizar las direcciones IP de cada página Web?

Muy sencillo: existen extensos y detallados listados de direcciones de este tipo, cada una asignada a su nombre específico al estilo de un directorio telefónico. A estos listados se les conoce como DNS (Domain Name Server) y permiten “traducir” automáticamente una dirección URL (como por ejemplo www.google.com) en uno o una serie de IPs, correspondientes al o los ordenadores del servidor de la información, a los cuales deberá conectarse un usuario que desee abrir la conocida página de búsquedas. Estos enormes listados se actualizan constantemente y requieren de un trabajo especializado, llevado a cabo por empresas proveedoras de alto nivel técnico y operativo.

Lo mismo ocurre con los conocidos routers o enrutadores, dispositivos computarizados de mucha potencia que hacen de guía a los mensajeros de paquetes de datos, escogiéndoles el recorrido más veloz y más apropiado para llegar a su IP de destino. Como un guía de información turística, casi. Estos enrutadores se especializan en el tráfico de la red, igual que los guardias de tráfico, escogiendo de acuerdo a las condiciones del momento la mejor vía de transmisión de un paquete de datos: viejas líneas telefónicas, fibra óptica o incluso por vía satélite.

Una compleja forma de transmisión

A través de estos procesos tan complejos se evitan las conexiones únicas y directas de un ordenador al otro, como en el caso de las comunicaciones telefónicas, para evitar también la monopolización de recursos y multiplicar más bien la potencia de la red, capaz de enviar miles de millones de paquetes datos a miles de millones de destinatarios finales, a través de miles de millones de recorridos diferentes, a punto tal que pareciera estar todo a la vuelta de la esquina.

Ahora que ya sabes cómo funciona internet, ¿qué te parece? ¿cambia en algo tu manera de ver tu vida online?

Eduardo Rada
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