Pantalla táctil funcionalidad

La tecnología se parece a la magia. Las cosas que hoy nos parecen normales eran realmente impensables hace relativamente poco tiempo… Hoy las imágenes aparecen en pantallas minúsculas y el reloj radio de Dick Tracy es un juguete en comparación con la capacidad de comunicación que hemos desarrollado.

Entre todos los dispositivos tecnológicos de uso común para comunicarnos, destaca el teléfono móvil o celular, y muy especialmente los “smartphones” o teléfonos inteligentes, que en realidad son pequeños computadores conectados a Internet por medio de sus propias antenas. Todo un éxito. Un dispositivo similar es la tableta o “tablet”, y ambos se caracterizan por una pantalla táctil, capaz de detectar el movimiento de nuestros dedos sobre ella, para transmitir instrucciones con una precisión tremenda. ¿Cómo lo hace?

Del tablero de ajedrez a las 4 pulgadas

Las tabletas y móviles de pantalla táctil aprovechan el mismo principio que los jugadores de ajedrez a ciegas. El tablero de ajedrez es un conjunto de casillas alternativamente claras y oscuras que nos permite ubicarnos visualmente en una posición. El tablero tiene 8 casillas por lado, para un total de 64.

Las posiciones de ese tablero pueden localizarse en un eje de coordenadas, asignando letras y números a cada casilla. Así, A1 corresponde a la casilla de la esquina inferior izquierda; es decir, la más cercana a nosotros (fila A) y más a la izquerda (columna 1). La casilla inmediatamente a su derecha ocupa la posición A2, y así se avanza por el tablero hasta llegar a la esquina la superior derecha, a la que corresponde al valor H8. Por medio de este sistema, uno puede saber exactamente dónde está ubicada una pieza.

A diferencia de los humanos, las computadoras no ven colores; ellas distinguen impulsos eléctricos. La pantalla táctil tiene debajo de la superficie un complejo sistema que es capas de detectar variaciones eléctricas o visuales. Las primeras pantallas táctiles o “tocuh screen” como se llaman en inglés, requerían el uso de un puntero especial, que contenía elementos conductores capaces de excitar los sensores presentes en el dispositivo.

A sabiendas de que esto no era demasiado práctico, los desarrolladores de tecnología se esforzaron en producir sensores capaces de detectar la electricidad presente en nuestros dedos. De modo que la pantalla moderna tiene sensores que se activan al paso de nuestra energía. Incluso, si es extremadamente sensible, puede activarse sin que la toquemos, debido al salto de iones desde nuestros dedos hacia ella. Los computadores portátiles suelen tener una pantalla táctil delante del teclado, que sustituye al mouse.

Por supuesto, cada sensor está, como las casillas del ajedrez, plenamente identificada. Pero a diferencia del tablero de ajedrez, que tiene casillas grandes y visibles al ojo humano, las posiciones en una pantalla táctil son muchísimo más pequeñas y numerosas. Dependiendo del tamaño del dispositivo, pueden llegar a ser cientos de miles de puntos de contacto diferenciados.

Ese principio también explica por qué las pantallas enloquecen cuando están húmedas. El agua, especialmente si tiene sales disueltas, es excelente conductora de la electricidad, así que el exceso de humedad puede producir respuestas erráticas por parte del dispositivo. Lo que ocurre es que la electricidad se reparte aleatoriamente entre muchos puntos cercanos al que se toca y el software no puede determinar qué ocurre.

Una revolución que implicó nuevos materiales

Por suerte para nosotros, hoy en día estas pantallas son cada vez más comunes y resistentes. Uno de los grandes retos de la tecnología fue desarrollar materiales alternativos al vidrio para la cubierta de los dispositivos, dado que el vidrio es buen aislante de la electricidad y además se parte fácilmente, lo cual atenta contra la vida útil de los teléfonos.

De modo que el aprovechamiento de las propiedades de la electricidad y el conocimiento de los ejes de coordenadas han permitido, al combinarse, que los humanos podamos comunicarnos con mucha mayor facilidad. Todo esto sería inútil sin un poderoso software que le diga al dispositivo si la posición que tocamos en la pantalla corresponde a un programa de edición de textos o a un reproductor de música, pero claro, eso también lo tenemos resuelto.

La próxima vez que use su móvil o su tablet, o ahora mismo si está leyendo esto desde uno de esos dispositivos, piense que cuando hace subir el texto con sus dedos, en realidad está compartiendo impulsos eléctricos con la pantalla que, debidamente programada, obedece a todas sus instrucciones. ¡Suena mágico! ¿no le parece?

Eduardo Rada
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