Conoce a Guayota, el demonio mitológico que habitó en Tenerife.

Los habitantes originarios de las Islas Canarias contaban con una mitología propia antes de la llegada de los europeos y el cristianismo.

Si pensabas que la mitología solo pertenecía a los griegos, entonces es que no conoces la historia de Guayota. Antes de que los europeos llegaran a las Islas Canarias, los habitantes originarios ya contaban con una mitología propia.

En el lugar también existió una religión canaria, con creencias muy particulares que dibujaban un panorama espiritual entre los pobladores de la zona.

Algunos de los dogmas fueron modificados con la llegada del cristianismo; sin embargo, muchos fueron rescatados en el siglo XIX por historiadores como Juan Bethencourt Alfonso. De las creencias se desprende que, en el lugar donde vivían los guanches, rendían tributo a Guayota, un demonio mitológico que habitaba en el Teide.

Los aborígenes tenían claro el concepto del bien y del mal dentro de su cultura “deísta”, ya que creían en Dios como su creador y ser supremo. No obstante, también creían en Guayota, que en su mitología representaba al mal.

El volcán, su refugio

El personaje mitológico, según la creencia local, vivía en las entrañas de la Tierra, especialmente dentro de los volcanes. Su morada favorita era el Teide, que los lugareños llamaban “Echeyde”.

El dios del mal era el responsable de todos los fenómenos volcánicos y de fuego que ocurrían en el lugar. ¡Pánico!

Para calmar su cólera, los habitantes le llevaban ofrendas, que eran depositadas en las cuevas situadas en la base del Teide. Según la leyenda, Guayota propició que el mundo quedara sumido en la oscuridad al encerrar a Magec, que era el dios de la luz y padre de todas las almas de los seres humanos.

Los habitantes rogaron al dios supremo Achamán para que los ayudara a revertir la situación. Tanto Achamán como Guayota se enfrentaron en una batalla de la que el primero salió vencedor.

Como castigo, Guayota fue encerrado en las profundidades del Teide y el cráter fue sellado para que no pudiera salir jamás.

Cuando ocurría una erupción, los pobladores encendían hogueras alrededor del Teide para que el demonio no lograra escapar. Creían que, al ver el fuego, el dios pensaría que continuaba en el interior del volcán.

Cierta o no, la historia es fascinante y continúa maravillando a los locales y a quienes llegan de visita.

Antonio Serrano
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