El origen de estos intercambios se remota muy atrás en la historia de la humanidad, siendo incluso anterior a la aparición de las sociedades modernas.

Las transacciones comerciales son el intercambio de bienes materiales entre dos personas, sean estas naturales o jurídicas; es decir, sean estas individuos, instituciones o países.

La primera transacción comercial conocida fue el trueque; un simple intercambio de bienes materiales; por ejemplo, varias frutas a cambio de un animal recién cazado. Esto no era muy frecuente porque era raro que sobraran cosas para comer.

Cuando apareció la agricultura y la ganadería, el hombre comenzó a producir más de lo que necesitaba, y no había cómo guardar tantas cosas. Además, a estos bienes se sumaron los productos de alfarería, carpintería y peletería. Algunos pueblos se especializaron en determinadas tareas y requerían los bienes que producían otras tribus o comunidades, así que el trueque se popularizó.

 

La necesidad de contar los bienes

El comercio se generalizó y pronto hubo suficientes excedentes como para tener que llevar la cuenta de los bienes disponibles, así que aparecieron en distintos lugares del mundo rudimentarios sistemas de contabilidad. Ya en la ciudad de Uruk se encontraron primitivos sistemas para llevar las cuentas.

También surgían dificultades: ¿Cómo determinar el valor de las cosas? ¿Cuántas frutas por medio venado? ¿Cuántas gallinas cuesta una vaca? ¿Cuántos vasos de barro por un par de botas? Para resolver este problema apareció la moneda, que unificó las unidades en que se llevaban las cuentas, permitiendo llevar la contabilidad de comunidades enteras en una medida estándar.

La aparición de la moneda facilitó muchísimo las transacciones comerciales y el trueque pasó a segundo plano; se hizo más importante tener moneda que bienes, y los registros contables de cada rubro podían expresarse en cantidad de bienes y su equivalencia en monedas, con lo cual se podía calcular la riqueza de una comunidad, o de un reino entero… y la contabilidad creció.

Hoy la contabilidad es un arte sumamente desarrollado, que consume horas y horas de trabajo a millones de trabajadores alrededor del mundo, especialmente en un mundo que maneja billones de dólares cada día. Más que una práctica destinada a controlar la existencia de bienes, que también lo es, se trata de una necesidad vital para que el mundo actual funcione correctamente.

 

Facilitando la contabilidad moderna

Al nivel superior, en los grandes mercados como la Bolsa de Valores, la contabilidad es una especie de monstruo, pero en niveles domésticos las cuentas son más o menos la misma cosa que antes. Entre estos dos niveles se encuentran las empresas, que deben respetar el marco legal que indiquen los países en los que operan.

Las empresas deben llevar, por ley, un sistema de contabilidad que debe estar en línea con gran cantidad de aspectos legales que establecen las naciones. España, por ejemplo, cuenta con un avanzado sistema de impuestos que obliga a las empresas a estar atentas a sus resultados.

Aunque la burocracia de los organismos públicos entorpezca la contabilidad empresarial, existen aplicaciones como Miskuentas que son personalizables, completamente adaptables, y que permiten realizar todos los cálculos sin necesidad de conocer otra cosa que los ingresos y los gastos. Con ello, hasta los hombres primitivos de la ciudad de Uruk pueden estar al día con Hacienda, cerrando el paso a multas y sanciones.

Sin embargo, el trueque no ha muerto ni es exclusivo de sociedades primitivas. En muchos lugares del mundo, incluyendo zonas de la Europa moderna, es común el trueque como forma de comercio, y en algunos casos como un aspecto relacionado con la solidaridad y las costumbres populares.

Se trata de una muestra palpable de la vigencia de los conocimientos ancestrales.

 

Eduardo Rada
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