Uno de los datos más interesantes cuando se estudia la demografía es la relación entre la tasa de natalidad y la condición económica de ese espacio.

Cuando se habla de países, podría suponerse que los que tienen mayor tasa de natalidad también deberían ser más poderosos dado que hay más personas para mover el aparato productivo y para incorporarse a las diversas tareas con las que se construye un país fuerte.

Lamentablemente esto no se cumple y, por el contrario, la relación es totalmente opuesta. El país con la tasa de natalidad más alta del mundo es Nigeria, con 46,12 nacimientos por cada 1.000 habitantes al año y se trata de un país con muchísimos problemas, especialmente en el área de salud y alimentación. En contraste, el país donde nacen menos niños es Mónaco (6,7 / 1000 hab.), uno de los más ricos del mundo.

África es el lugar en donde nacen más niños cada año, dado que de los primeros 10 países con las tasas de natalidad más alta, 9 están en ese continente. Más aún, de los primeros 45 puestos en materia de natalidad, 42 están ocupados por países africanos. La tendencia es indiscutible.

 

Las mortalidad infantil como freno al progreso

Si bien en África nacen muchos niños, también es cierto que debido a una serie enorme de problemas, la tasa de mortalidad infantil en esos países es espantosamente alta. Mientras en algunos lugares mueren víctimas de la deshidratación, en otros es el agua en mal estado la que los aniquila, y en otros más, es la falta de alimentos apropiados.

Lo más triste es que la mayoría de esos niños pueden salvarse con esfuerzos mínimos. Llevar agua o cavar pozos en las zonas más secas e instalar plantas de tratamiento de aguas en las zonas húmedas es muy barato en comparación con los enormes beneficios que traería al continente.

El caso de los niños que no tienen alimentos apropiados es aún más fácil de resolver: el alimento apropiado está en las mismas madres, dado que es la leche materna. No se requiere otra cosa para alimentar a un bebé hasta que cumple seis meses.

 

Lo que podemos hacer por nuestros niños

Tenemos la suerte de vivir en países en los que la mortalidad  infantil es mucho menor y la alimentación no es un problema grave; sin embargo, es importante que cada una de las madres sepa cómo alimentar a su bebé para evitar desagradables consecuencias que pueden incluso afectar la vida del niño.

De acuerdo con datos aportados por la tienda especializada en bebés y en productos de alimentación para recién nacidos Originalbaby, los alimentos y las rutinas influyen muchísimo en el desarrollo del niño. Es por eso que hace décadas la tasa de mortalidad infantil en Europa era muy alta también.

La toma de conciencia y el uso de la leche materna como alimento principal han dado un vuelco a esa situación, y ahora es mucho más sencillo dado que hay accesorios como sacaleches, extractores, calienta biberones y esterilizadores que permiten asegurar tomas en las condiciones óptimas para cuidar la salud de los más pequeños.

Una alta tasa de natalidad infantil no siempre es deseable; primero deben construirse las condiciones para que los niños que llegan puedan vivir con la mejor salud posible.

 

Eduardo Rada
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