El cigarrillo es un producto de origen americano, pero debe su nombre a plagas de cigarra que tenían lugar en Toledo, España. ¿Por qué será…?

La historia del cigarrillo y el tabaco es cuanto menos controvertida. Siendo un producto de origen americano, específicamente de la zona del Perú y de Ecuador, la explotación del tabaco fue clave en la economía colonial.

Llegó a Europa por primera vez en 1577 por mandato del Rey Felipe II, quien ordenó su plantación en los alrededores de Toledo, en una zona conocida como Cigarrales debido a que era frecuentemente azolada por plagas de cigarra. De allí, según algunos historiadores, provienen los nombres de cigarro y cigarrillo.

Su producción se llevó a cabo de modo artesanal hasta entrada la Revolución Industrial, cuando la tecnificación y las maquinarias permitieron su producción y distribución en masa, y eso se le debe particularmente a un individuo: James Buchanan Duke (1856-1925).

El inventor del cigarrillo

Duke no sólo inventó el cigarrillo moderno, sino que construyó una plataforma para su producción y distribución comercial a gran escala.

Todo empezó en 1880, cuando intentó modernizar a través de maquinaria de fabricación especializada el sistema de enrollado de cigarrillos, que se hacía de manera manual.

James Buchanan Duke

Aliado con un mecánico joven llamado James Bonsack, construyeron un aparato capaz de generar 120.000 cigarrillos al día, superando por mucho la media de 200 cigarrillos por turno de las fábricas tradicionales, y copando rápidamente el mercado en Norteamérica.

A eso siguió una intensa campaña para incentivar el consumo, valiéndose del naciente aparato publicitario y de añadir a cada cigarrillo producido ciertos aditivos químicos como melaza, glicerina y azúcar, entre otros, para evitar que el tabaco se resecara y pudiera ser consumido tiempo después de su producción.

Un invento letal

A principios del siglo XX el cáncer de pulmón era una enfermedad rara y llamativa, quizá porque la expectativa de vida era mucho menor a hoy en día o porque el consumo de sustancias tóxicas, tanto de manera voluntaria como a través del ambiente y los alimentos, no era tan intensa como ahora.

De hecho, en el momento de aparición de los cigarrillos modernos, se les creía una variante mucho más sana y segura del tabaco tradicional, al ser más pequeños y contar con un filtro. Es posible incluso hallar anuncios de la época en que ciertos médicos recomendaban su consumo como vigorizante, o como remedio para la tos, la gripe o la tuberculosis. La relación entre el cáncer de pulmón y el consumo de tabaco no fue comprobada hasta 1957 en el Reino Unido (1964 en los EEUU).

Invencion del cigarrillo

Hoy en día sabemos que no es así. Se estima que el tabaquismo haya ocasionado la muerte a cerca de 100 millones de personas a lo largo del siglo XX, cifra que prácticamente duplica la cantidad total de muertos de la II Guerra Mundial, y a mediados del año 2000 se estimaba ya que 1,1 millón de personas morían anualmente por las mismas causas.

Las cifras manejadas hoy día son incluso peores: 6 millones de personas mueren cada año por enfermedades derivadas del consumo de tabaco, de las cuales 600.000 son fumadores pasivos.

Por lo demás, sólo el 19% de los países del mundo cumplen con las prácticas ideales de regulación y disuasión del consumo de tabaco, de acuerdo a la campaña liderada por la OMS a nivel planetario. Según este organismo internacional, el tabaco es “una de las mayores amenazas para la salud pública que ha tenido que enfrentar el mundo”.

Ayuda a crear conciencia respecto al consumo del tabaco y sus difíciles consecuencias.

Eduardo Rada
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