La mayor goleada de la historia no es el 6-0 de Argentina a Perú, ni del 7-1 del Alemania-Brasil en el mundial, ni siquiera el 12-1 de España a Malta en 1983…

Hay quien afirma que el deporte funciona como un remplazo contemporáneo de la guerra: activa la competitividad, se vincula con una identidad nacional y exige un sostenido esfuerzo físico. Sea o no cierta semejante comparación, lo cierto es que el fútbol es hoy en día uno de los deportes más espectaculares y con más seguidores en el mundo por goleada, nunca mejor dicho, alcanzando verdaderos picos de popularidad cada cuatro años, con el torneo mundial organizado por la FIFA.

Son muchas las curiosidades que entraña la historia este deporte, así que hoy nos dedicaremos a una sola: la mayor goleada de la historia del fútbol. No se trata del 6-0 de Argentina a Perú, ni del 7-1 con que Alemania sorprendió a Brasil en el mundial de 2014. Ni siquiera hablamos de la mítica goleada de España a Malta por 12-1 en 1983. Se trata de una anécdota mucho más curiosa e irrepetible que ocurrió en Madagascar.

Un penalti muy discutido

Nuestro relato inicia en el Estadio Municipal de Toamasina, en la isla de Madagascar, donde se disputaba la quinta ronda clasificatoria del THB Champions League, que es el campeonato local de fútbol. Era un 29 de octubre de 2002 y se enfrentaban los equipos del SO l’Emyrne versus el DSA Antananarivo, el partido iba 2-1 a favor de los primeros y estaba ya a punto de acabar.

Justo entonces, un controvertido penalti sentenciado a favor del DSA por el árbitro Razafintsalama permitió el gol del empate, dejando al SO l’Emyrne sin opciones de hacerse con la copa, a pesar de que debían jugar todavía una ronda adicional.

Como supondrás, esto frustró sumamente al Director Técnico y a los jugadores.

El siguiente 31 de octubre, entonces, volvió a jugar SO l’Emyrne esta vez contra AS Adema, equipo este último que iba a la cabeza de la clasificación y que se vio beneficiado por el empate antes descrito.

goles149-0

Y el resultado de este partido sería justamente recordado para siempre como la máxima goleada de la historia del fútbol: 149-0.

Una manera inédita de protestar el arbitraje

A los poquísimos minutos de haber iniciado el encuentro deportivo, que casualmente arbitraba el mismo y polémico Razafintsalama, se pitó una falta en contra del l’Emyrne que a los ojos del seleccionador del equipo, Ratsimandresy Ratsarazaka, era una grosera violación del juego limpio y una afrenta al equipo bajo su coordinación.

Entonces, y de form absolutamente inédita, habló con sus jugadores para que iniciaran una rutina de autogoles que sirviera de protesta ante tan nefasta labor de arbitraje a lo largo del torneo.

Los jugadores, también frustrados, vieron con buenos ojos la idea y se dedicaron a golear bestialmente su propia portería, ante la mirada atónita de los jugadores contrarios, que apenas pudieron (y quisieron) tocar el balón. Cuando el partido finalizó, el marcador indicaba la mayor goleada de la historia, 149 goles a cero.

Las consecuencias de la goleada

Cientos de espectadores se levantaron en masa para quejarse del espectáculo, llegando incluso a exigir en las taquillas la devolución del pago de sus entradas. Nadie se tomaba en serio un partido en el que podían ocurrir semejantes desmanes. Posteriormente el seleccionador fue sancionado con tres años de suspensión, así como un año para cada uno de los jugadores involucrados en la protesta, incluido el portero que no hizo nada por detener la goleada.

publico futbol cabreado

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Eduardo Rada
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