Este profesor ha construido un laboratorio perfectamente equipado para provocar orgasmos a las féminas y conocer qué ocurre en su cerebro mientras tanto.

Tranquilas, muchachas, relax, que os lo explico rápidamente (poneos en fila india, please); no os impacientéis. Resulta que existe un profesor llamado Barry Komisaruk (de 68 años), una de las personalidades más reconocidas del mundo en el estudio de los efectos de los orgasmos en las mujeres, que ha construido un  laboratorio perfectamente equipado para provocarle orgasmos a las féminas con el fin de conocer qué ocurre en el cerebro de las mismas durante los instantes de más placer y con la idea de fabricar la máquina de orgasmos perfecta y forrarse con el invento. ¡Yo quiero una!

Máquina de orgasmos… ¿o máquina del amor?

En dicho laboratorio (imaginamos que ambientado con música de origen bajuno, luces de neón y lámparas de lava), el tal Barry dispone de una máquina que provoca, con una precisión quirúrgica, tanto placer que es capaz de llevar a las mujeres a la estratosfera sensorial y conseguir que alcancen el clímax con suma rapidez. Una máquina perfecta, según nos cuentan, robusta, elegante, sin calva, que no bebe, no dice tacos ni se embelesa con el fútbol por televisión. Una máquina en condiciones, vaya. Un maquinón.

Esta máquina de orgasmos (a la que se podría llamar perfectamente “ El Terminator”) no sólo es un gran éxito para la ciencia, sino que también se ha hecho famoso entre el mujerío, ya que dispone de multitud de voluntarias para participar en sus estudios (se rumorea que muchas se han sacado ya el carné de socio). Con más de 200 orgasmos “ejecutados” (datos facilitados por el propio profesor Komisaruk), no nos extraña nada que el aparatito de marras genere tanta pasión. The machine of love.

Mi creación da tantas satisfacciones que, en más de una ocasión, he oído a las chicas gritando de placer en babilonio o en otros idiomas arcaicos, como poseidas por alguna criatura demoníaca del averno“, asegura el profesor.

Pero lo importante son los resultados de la investigación. El estudio ha aportado información novedosa y esencial sobre por qué algunas mujeres no pueden o les cuesta alcanzar el orgasmo o sobre la semejanza entre el placer y el dolor, pero lo que todavía no se ha aclarado es por qué la maquina se fuma un Malboro después de cada sesión para, minutos después, apagarse por completo durante unas ocho horitas, aproximadamente.

Yo no sé si todo esto tiene algún sentido ni, por supuesto, si tendrá alguna aplicación en la cotidianidad de las personas humanas, pero lo que sí tengo claro es que yo, de mayor, quiero ser como Barry Komisaruk. ¡Cowabunga!

Eduardo Rada
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