En el mundo existen innumerables deportes extremos que tientan a la muerte. Los expertos consideran que solo se trata de poner en práctica sus destrezas.

Salto base, paracaidismo, towsurf, rafting, alpinismo y snowboard, son solo algunos de ellos. Cada uno presenta distintos niveles de dificultad y complejidad para el atleta.

A su vez, el deportista tiene como premisa retar a la naturaleza, debido a que, en la mayoría de las actividades citadas, las condiciones climáticas tienden a ser extremas.

Índices mortales

Según el portal digital www.xports.es, el salto base es la actividad de este tipo donde ocurren más defunciones al año en el mundo, ya que una de cada 2.300 personas fallece en el intento.

Le sigue el paracaidismo, deporte que, a pesar de contar con un alto avance tecnológico, tiene una tasa de mortalidad de uno por cada 75.000 individuos.

Por último y no menos importante, se encuentra el alpinismo. Solo en la montaña Annapurna, ubicada a 8.000 metros sobre el nivel del mar en la cordillera del Himalaya, en Nepal, hay un deceso por cada tres ascensos.

Peligro latente

No muy alejado de los tres primeros, el towsurf, deporte que consiste en enfrentarse a olas de ocho metros de altura, puede ser igual de mortal. Una caída de estas dimensiones sumerge al atleta a 10 metros de profundidad.

El rafting, que se practica en ríos turbulentos y lleno de remolinos, desafía el físico y capacidad mental del deportista. Un fallo en el cálculo de dirección ocasionaría una caída catastrófica en aguas poco predecibles.

Asimismo, el snowboard conlleva un alto nivel de concentración. Deslizarse en una tabla por montañas empinadas a casi 200 kilómetros por hora, terminaría trágicamente si el especialista comete un error.

No cualquier persona puede aventurarse en este mundo, donde ser aptos físicamente y estar dotados de conocimientos básicos son requisitos necesarios para enfrentar el peligro extremo.

Eduardo Rada
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