Todos los mamíferos superiores, y sobre todo los más inteligentes, aprenden a defenderse del entorno por medio del juego, pero hay más.

Quienes han visto cualquier documental acerca de la fauna, saben que los felinos y caninos retozan entre sí, ensayando las actitudes propias de la cacería; de modo que el juego es parte importante de la educación de los animales. Los perros nos resultan tan simpáticos porque incluso de adultos tienen el carácter juguetón de un cachorro.

Entre los primates este hábito es aún más fuerte, y los humanos sencillamente pasamos la infancia jugando, porque además, no debemos preocuparnos por cuidarnos de los depredadores o procurarnos alimento. Quizá por esa capacidad nata para el juego el filósofo Johan Huizinga planteó que el ser humano en vez de llamarse homo sapiens (hombre sabio) debía llamarse homo ludens (hombre jugador).

 

Las herramientas que se da el ser humano para jugar

A diferencia del resto de la naturaleza, los seres humanos somos capaces de modificar sustancialmente nuestro entorno y crear herramientas para ello.

También tenemos gran habilidad para crear juguetes y la existencia de esos objetos ha acelerado la manera en que nos hicimos cada vez más inteligentes como especie, y el desarrollo de las capacidades intelectuales personales está vinculado con el uso de juguetes educativos.

La neurociencia apoya este planteamiento: los juegos ayudan a desarrollar el cerebelo y el lóbulo frontal del cerebro, que coordinan, respectivamente, los movimientos y la toma de decisiones.

Por otra parte y como planteaba Jean Piaget, por medio de los juegos y sus normativas los niños se adaptan al cumplimiento de reglas y procuran ser ganadores, con lo que se preparan para las complejidades de la vida adulta, llena de reglamentos y leyes, y que ciertamente es muy competitivo.

Pero antes, los bebés deben desarrollar habilidades más básicas, relacionadas con el movimiento, la coordinación motora, la capacidad de desplazamiento y la identificación de formas y colores.

Estudiosos del área pedagógica plantean que en esa etapa los juguetes ayudan a desarrollar la atención, la abstracción, la memoria, la representación, la simbolización y la resolución de problemas. Según afirman los especialistas de Botiga.com.uy, los juguetes educativos suponen una ayuda inestimable para el correcta desarrollo de bebé, siempre que sean juguetes destinados a estimular los sentidos, las funciones motrices y la lógica (ver aquí)

 

Las habilidades perdidas en el mundo digital

Una de las grandes preocupaciones de los pedagogos de hoy es la creciente tendencia de los padres a suministrar dispositivos de pantalla táctil como tablets y móviles a los niños pequeños.

Si bien es cierto que estos objetos son capaces de potenciar el desarrollo del reconocimiento de formas y colores, además de preparar al niño para las herramientas digitales que usará cotidianamente en sus estudios y trabajo, es preocupante ver cómo se pierden progresivamente las capacidades de socialización, creando niños aislados y obesos en las sociedades más desarrolladas.

Los problemas de comportamiento se han incrementado con el boom de las pantallas digitales y esa es la gran preocupación. Lamentablemente algunos padres no captan tal situación y entregan las pantallas a los niños para que se distraigan y los dejen en paz, sin prácticamente ninguna supervisión.

Por otra parte, también se reconoce que los juegos de vídeo ayudan a los niños a lidiar más fácilmente con grandes volúmenes de información, así como a manejar con más naturalidad el hecho cotidiano de ganar o perder.

Lo importante es que los niños no pierdan su capacidad de relacionarse sana y activamente con otros niños ni con los adultos, dado que el mundo virtual, que le será muy útil en su momento, no podrá cubrir sus necesidades emocionales.

Creemos que es buena idea compartir esta información en las redes sociales, es seguro que algunos de sus contactos tienen niños y sabrán sacarle el mejor provecho.

 

Eduardo Rada
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