Qué pasa en el cerebro de las embarazadas

Un equipo de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona y de la Universidad de Leiden estudian el cerebro de más de 20 embarazadas en diferentes etapas.

Es por todos sabido que las mujeres encinta dicen sentirse distraídas, faltas de concentración e incapaces de pensar normalmente, como si estuvieran obligadas a actuar de una forma poco usual.

Para muchos, esto es fácilmente explicable a través del torrente hormonal que atraviesan durante esas etapas, o incluso por los niveles de estrés que acumulan durante el embarazo y que perduran hasta meses después del parto.

Sin embargo, poco se ha estudiado respecto al cerebro de la mujer embarazada y pocas son las certezas que se tienen respecto a los cambios que atraviesa. Esto fue lo que motivó a un equipo de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, España, y de la Universidad de Leiden, Holanda a estudiar los escaneos cerebrales de más de veinte madres primerizas en diversas etapas el embarazo.

Los resultados del análisis son sorprendentes: la evidencia demostró una reducción en la materia gris de las madres en zonas puntuales del cerebro: modificaciones semejantes en escala a las que conlleva la adolescencia y que se mantuvieron al menos durante dos años.

Estos cambios, no obstante, no limitan las habilidades cognitivas ni la memoria de las pacientes, advierten con insistencia los especialistas, preocupados porque su investigación se interprete bajo la luz de la misoginia.

 

La “poda adaptativa”

Como es ya sabido, el embarazo está acompañado por extremas profusiones de hormonas sexuales en el cuerpo de la mujer, lo que implica cambios fisiológicos y corporales drásticos. Durante los nueve meses del embarazo, de hecho, las mujeres experimentan el mayor aumento en los niveles de estrógeno de toda su vida. Algún efecto debía tener todo ello sobre el cerebro.

El cotejo de escaneos cerebrales de distintas mujeres en etapas previas, inmediatamente después del parto y luego de dos años del mismo, y su comparación con imágenes de padres primerizos, hombres sin niños y mujeres que nunca dieron a luz, reveló la persistencia de esta reducción sustancial en el volumen de la materia gris que tiene lugar en el cerebro de las primerizas.

Las zonas afectadas son las relacionadas con la consideración de los pensamientos y sentimientos de los demás, es decir en las regiones vinculadas a la empatía.

Según los investigadores, a esta reducción de las conexiones neuronales se le denomina “poda adaptativa”, y optimiza el funcionamiento cerebral para atender ciertas funciones de cara a la reproducción, como la capacidad de interpretar rápidamente el estado mental de su hijo y anticipar posibles amenazas en el entorno. Se trata, pues, de una preparación evolutiva.

Los cambios fueron tan marcados, sin embargo, que con solo cotejar las distintas imágenes, una computadora pudo discernir entre las mujeres habían pasado por un embarazo y las que no.

 

Una forma de hiperespecialización

La parte final de este experimento consistió en el monitoreo del cerebro de un grupo de madres, a las que se mostraron fotografías de sus propios bebés y de niños ajenos. Justamente, las partes del cerebro que respondieron a la fotografía de sus hijos eran las mismas que se habían optimizado durante el proceso de gestación. Estas zonas no reaccionaron, en cambio, ante las imágenes de los otros bebés.

“Podemos especular que las reducciones en volumen observadas durante la gestación representan un proceso de especialización (…) que, de alguna manera, responde a un propósito de adaptación para la futura maternidad”, explica la investigadora de posdoctorado del Instituto de Psicología de la Universidad de Leiden, Elseline Hoekzema, al respecto.

 

Eduardo Rada
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