Los rohingya son una etnia perseguida desde el año 1948. ACNUR busca los recursos para ayudar a casi un millón de refugiados.

¿Te imaginas tener que huir de tu hogar y dejar todo atrás, sin papeles, y con la certeza de que no eres bienvenido en los países fronterizos? Esto es lo que les ocurre a los rohingya. Están considerados como una etnia sin Estado y sin amigos en el resto de Asia, por eso la Agencia de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha adelantado una campaña internacional para ayudar al pueblo rohingya, cuya crisis está siendo una de las más largas y también una de las más olvidadas.

Aproximadamente un 5% de la población de Myanmar, la antigua Birmania, forma parte de la minoría étnica, lingüística y religiosa de los rohingya, predominantemente musulmana. En ese país, la religión mayoritaria es el budismo, por lo que este grupo ha sufrido discriminación y persecución desde 1948, cuando se independizó la nación.

En ese año se creó la Ley de Unión de Ciudadanías, que identificó las “razas indígenas de Birmania” con derecho a la nacionalidad. Los rohingya fueron excluidos de la lista. Aunque ellos aseguran que son aborígenes del estado de Rakhine (en la costa oeste del país), descendientes de los comerciantes árabes, el Estado birmano alega que son emigrantes musulmanes originarios de Bangladesh, que llegaron a Myanmar durante la ocupación británica en el siglo XIX.

Una etnia “oficialmente” discriminada

Birmania y Bangladesh no reconocen a los rohingya. Por esta razón carecen de derechos civiles básicos. No tienen ciudadanía, pueden casarse solo con el permiso de las autoridades y está prohibido que tengan más de dos hijos en cada unión. Tampoco pueden poseer tierras, carecen de libertad de movimiento y de acceso a los servicios sanitarios y a la educación. También están restringidos a la hora de ejercer determinadas profesiones, como la medicina o el derecho.

Para completar su situación crítica, el ejército de Myanmar (el Tatmada) opera independientemente del gobierno y el año pasado comenzó a emprender una serie de operaciones militares en Rakhine, que han sido consideradas por los representantes de la comunidad internacional como una limpieza étnica.

A esto se suma que el gobierno birmano ha estimado que el Ejército de Salvación Rohingya de Arakan (antiguo nombre de Rakhine) es una organización terrorista, a la que vincula con el extremismo islámico.

Se cree que el total de refugiados en Cox’s Bazar, el distrito bengalí fronterizo con Myanmar, ronde el millón, sumando los 300.000 que ya vivían en la zona debido a los desplazamientos anteriores al año 2017. Allí hay dos campamentos permanentes y otros varios improvisados que se encuentran saturados, para los cuales ACNUR solicita ayuda humanitaria inmediata. Si estás interesado en brindar tu apoyo, entra en la página web de Eacnur.org.

Un regreso difícil para los rohingya

Otras naciones están tratando de ayudar a los rohingya. En el seno de la ONU, una hoja de ruta de tres pasos promovida por China, principal socio comercial de Myanmar y Bangladesh, contempla un plan de repatriación a 2 años que fue aceptado por ambos países. Tenía que empezar a aplicarse en enero de este año, pero ha sido aplazado.

La situación de los rohingya se ha complicado porque la ONU ha recibido información de que en Rakhine, región que limita con Bangladesh, el ejército de Myanmar ha demolido viviendas e incluso ha arrancado la vegetación. Este cambio en la geografía ha complicado aún más el regreso de la etnia musulmana a los territorios que han ocupado durante décadas.

Antonio Serrano
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