de dónde viene el cumpleaños

Aunque hoy en día estemos totalmente acostumbrados a celebrar cada año nuestro cumpleaños, esta no es una tradición que haya existido desde siempre.

Como muchas otras, su origen se remonta a instantes remotos de la cultura occidental y a condiciones sociales, políticas y religiosas de las que seguro no tenías ni sospecha.

El cumpleaños en la antigüedad

Se dice que los primeros ritos familiares de cumpleaños se celebraban antes de la llegada del Cristianismo y consistían en encerrar al homenajeado en un círculo de velas encendidas, para pedir por su protección de los malos espíritus. Era llevado a cabo probablemente por algún tipo de druida o curandero, en las comunidades más organizadas, cuando no por el miembro más viejo de la casa, la abuela o el abuelo. He allí un probable origen de las brujas, dicho sea de paso.

velas

 

Similarmente, los griegos antiguos creían que un espíritu familiar o daimon acompañaba en vida a cada individuo, y que se hacía especialmente de manifiesto en el día de su aniversario de nacimiento. Tiene sentido, si tomamos en cuenta que también fueron los griegos quienes inventaron el zodíaco, a través del cual hoy en día determinamos nuestra relación con los signos al nacer. La idea de la tarta redonda también se les atribuye a los antiguos helenos, que conmemoraban a muchos de sus dioses, especialmente a Artemisa, a través de ofrendas redondas hechas con miel.

Por otro lado, la celebración del cumpleaños de los antiguos reyes egipcios era una costumbre muy difundida a lo largo de sus dinastías y solía llevarse a cabo mediante fiestas y danzas cuyo propósito era agradecer a los dioses el nacimiento de su sagrado regidor. He allí también, y probablemente no de manera tan casual, el origen de la cerveza. Es lógico entonces que los pueblos hebreos, esclavizados por los egipcios y por otras civilizaciones tempranas, sintieran antipatía por esa clase de festividades.

Los primeros cristianos, por ende, no consideraron el cumpleaños como un evento importante. La Iglesia Católica miró durante siglos su celebración con muy malos ojos, al considerarla una reminiscencia pagana, hasta que en el siglo IV d. C. se impuso la fiesta de Navidad (el 25 de diciembre en Occidente y el 6 de enero en Oriente, debido a sus distintos calendarios) como, justamente, el cumpleaños de Cristo.

cumple

 

Aun así, en la tradición católica los aniversarios de Santos no tienen que ver en absoluto con el día de su nacimiento, sino con el de su martirio. Tal vez porque así se celebraba su purificación y ascenso a los cielos, en vez de su llegada a la tierra, manchados como todos por el pecado original. Se cuenta incluso que ya en el año 245 d.C. un grupo de historiadores cristianos intentó fijar la fecha de nacimiento del mesías, y la incipiente Iglesia Católica consideró sacrílegas tales investigaciones, destinadas a celebrar a Jesucristo como si fuese un faraón.

Una celebración que perdura hasta nuestros días

Muchas de las connotaciones antiguas han sobrevivido en nuestra cultura junto con la celebración del cumpleaños. Existen fechas especiales, por ejemplo, cuya celebración encarna una mayor importancia. Es el caso de los 15 años para las chicas, que en muchos países amerita una ceremonia especial: a menudo se ignora que solía hacerse de esa manera en las épocas medievales, cuando una señorita de esa edad ya estaba lista para ser solicitada en el matrimonio.

Otro tanto ocurre con los 18 o 21 años, que de acuerdo a las leyes específicas de cada región, es la edad a la que se alcanza la plenitud de derecho y se puede ejercer el voto y atender otras obligaciones legales, como el servicio militar obligatorio. En esto último nuestras sociedades se guían aún por el modelo espartano, herencia de la ciudad griega antigua, la mítica Esparta. Por último está el caso de los 33 años, bautizados por la herencia católica como “la edad de Cristo”, pues tenía esa edad cuando lo crucificaron.

 

Como se habrá visto, hay mucho más de lo que parece detrás de la celebración del cumpleaños. Religiones antiguas, creencias míticas y calendarios políticos han influido en nuestra manera de llevar cuenta del tiempo de nuestras vidas, y de la manera de celebrarlo.

Eduardo Rada
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