Un invento de hace 400 años permite burlar la falta de gravedad en el espacio exterior

El conocimiento humano crece como una pirámide. Sin fuego, no habría motores, y sin la creación de la rueda, no habría vehículos ni un sinfín de herramientas. Es así en líneas generales. Pero a veces hay inventos muy específicos que permiten resolver graves problemas que afectan el desarrollo de toda una rama de la ciencia.

La carrera espacial estuvo a punto de topar con una pared cuando crecía vertiginosamente en los años 60 y 70 del siglo pasado. Pero un pequeño invento, de uso común en nuestros días y que apareció hace más de 400 años, hizo posible que el interés por la exploración del cosmos no decayera.

¿Qué pequeño invento funciona sin gravedad?

La verdad es que pocos objetos son tan simples y permiten tal versatilidad. La historia comienza cuando a principio de los años 60 el cosmonauta soviético Yuri Gagarin logra entrar en la órbita terrestre. Los científicos habían previsto que en tales condiciones se experimentaría la falta de gravedad.

Yuri Gagarin
Yuri Gagarin

Efectivamente, Gagarin dio fe de ello, y luego lo harían muchos otros exploradores espaciales. El asunto es que algunas tareas muy sencillas en la Tierra se hacen sumamente complicadas en ausencia de gravedad.

Verter un liquido en una botella es muy complicado porque éste no cae de un recipiente a otro, sino que se convierte en una gota que flota por el ambiente de gravedad cero.

Esta situación que ocurre con los fluidos (como el agua) también se puede constatar en el momento de beber, o peor aún, cuando el astronauta debe orinar. Sin gravedad, el resultado sería desastroso.

Pero otro asunto que casi le rompió la cabeza a los tripulantes espaciales fue que los bolígrafos no funcionaban. Sin gravedad, la tinta no fluye.

¿Cómo lograron hacer fluir la tinta en gravedad cero?

Es ahí donde entra en acción el pequeño objeto que manipulamos desde hace más de 4 siglos.

Los científicos identificaron que, sencillamente, no era ni práctico, ni rentable, ni fácil de resolver el problema de la tinta de los bolígrafos. Así que volvieron a un antiguo método.

En vez de escribir con bolígrafos, los tripulantes de las aeronaves deben hacerlo a lápiz, el confiable compañero de grafito cubierto por una capa de madera.

Fue así como este humilde ayudante que permite registrar el conocimiento y las anotaciones a los niños que inician su aprendizaje, también se convirtió en un objeto imprescindible para la exploración del universo.

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